El infierno, según Rodin

El infierno, según Rodin

04/01/2018 Reflexiones 0

La exposición de la Fundación Mapfre, afincada en la casa Garriga-Nogués, me ha permitido disfrutar de la obra de uno de mis escultores preferidos: Auguste Rodin.

Admiro a la gente renovadora que sabe abrir nuevos caminos, que transita por veredas extrañas para sus contemporáneos, que innova desde el trabajo y la genialidad. Rodin fue uno de ellos.

Lo podemos observar en esta muestra de en torno a un centenar de esculturas, de dibujos, pocas veces expuestos, y de maquetas interesantes.

La puerta del Infierno, encargo del gobierno francés para la entrada del Museo de Artes decorativas que, finalmente, no se construyó, le supuso a Rodin un esfuerzo inmenso.

Imagino sus decepciones continuadas; sin embargo, este trabajo le serviría como fuente de inspiración para sus obras el resto de su vida. Aquello de que “cuando una puerta se cierra, otra se abre” parece, al menos en este caso, cierto.

Dante, la maravillosa “Divina Comedia”, la mitología clásica, el sufrimiento del infierno…ayudaron, sin duda, a Rodin a realizar una reflexión continuada. En el proceso, rompe con lo tradicional: de fondo y de forma. Observamos, a través de su obra, a un Rodin que suplanta el castigo por los pecados, por la visión del pecado en sí. A partir de ese momento, supera  la inspiración, ya muy particular, de la obra de Dante, y se rinde ante el encanto de Baudelaire y “Les fleurs du mal”.

La última sala es una simbiosis de ambas etapas. Uno se queda extasiado con la contemplación de “El pensador” y “El beso”. Es una auténtica síntesis de lo humano.

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